LINDA LECCA Boxeadora Peso Supermosca

LINDA LECCA Boxeadora Peso Supermosca
25 Mar 2015

Tras vencer a la brasileña Simone Da Silva, la vida de esta campeona mundial gira en torno a no dejar de serlo: entrena a diario desde las seis de la mañana, se va a dormir antes de las diez de la noche y tiene la paciencia suficiente para atender a todos los impertinentes periodistas que la persiguen. Esta es su historia.

Katherine Subirana Abanto
Colaboradora

 

Linda Lecca es pequeña y ligera. Es difícil creer que de dos puñetazos puede mandar a cualquiera a la lona, hasta que la ves en acción. Aunque solo tiene 13 peleas profesionales, 16 amateurs y cuatro títulos internacionales,  la encantadora y trujillanísima sonrisa de Linda se lució en las portadas de más de un diario de circulación nacional al conseguir el título de campeona mundial en la categoría supermosca de la Asociación Mundial de Box (AMB).

A partir de entonces dejó de ser noticia exclusiva de la sección polideportiva de los periódicos para adquirir rápidamente la categoría de orgullo nacional. Ahora tiene en su habitación, junto a los cinturones que se acumulan con sus triunfos, diplomas de reconocimiento, medallas de condecoración y llaves de ciudades que no le quitan la humildad ni el sueño, pues ella sabe muy bien lo que quiere: defender su título y ganarse los Laureles Deportivos.

 

¿Es difícil ser boxeadora?

Supongo que sí, pero desde chiquita tuve muy claro cuánto me gustaba este deporte de los puños. Veía a mi padre y a mi abuelo, boxeadores aficionados, hacer sparring y quería ser como ellos. A los 7 años ya me gustaba tirar puñetes con los chicos del colegio. Yo nací en Trujillo, pero nos fuimos a vivir a Cartavio. Por eso cuando estaba en primer grado hacía rondas en el colegio con mis compañeros varones y nos agarrábamos a puñetes en forma de juego. Nos divertíamos y la pasábamos bien. Cuando mis padres decidieron que nos mudaríamos a Buenos Aires (Argentina), cambió un poco la cosa: allá no hacía rondas para pelearnos.

 

¿Así empezó todo, con los compañeros?

Empezó a los 12 años, cuando le pedí a mi padre que me compre un saco de boxeo y un par de guantes. Él me dijo: «Voy a consultarlo con tu mamá, prefiero regalarte una muñequita». Conversó con ella y finalmente me lo regaló. Lo colgó en el patio de casa y ahí empecé a practicar, pero sin técnica y sin nada.

 

Tu papá fue determinante para tu vocación…

Me apoya mucho: por él boxeo y toco cajón, guitarra, bongó y canto. Desde pequeña siempre veíamos juntos vídeos de boxeo. Era fanática de Muhammad Ali, de su hija Laila, de Óscar de la Hoya. A los 14 o 15 mi papá me llevó a un gimnasio recreativo de boxeo y empecé a pegarle a chicas que ya tenían experiencia. El profesor le dijo: «Ella tiene condiciones, tienes que llevarla a un lugar más competitivo». Entonces me llevó a la Federación Argentina de Box, a los 16 años. Ahí empecé con lo técnico. A veces iba, a veces no, porque el entrenamiento era muy fuerte, muy exigente. Me acuerdo que me subieron al ring con una amateur que ya tenía unas 15 o 18 peleas. Me metió una mano que casi me saca la cabeza y el entrenador me bajó del ring.

 

¿Pensaste en no seguir adelante?

No me asusté ni nada, pero al día siguiente no fui porque me dolía todo. Al subsiguiente volví y seguí entrenando, pero aún iba a veces y otras no. Entre los 17 y 18 años ya lo empecé a tomar con seriedad y empecé mi carrera amateur. Llegué a hacer 16 combates amateur, todos invictos. Al tiempo regresó la chica que hizo sparring conmigo al inicio y ahí sí me desquité. No le pude ganar porque ella ya era de una categoría más grande, pero me desquité. Ahora es tricampeona mundial. Nos volvimos a encontrar y otra vez la hice sufrir. Sabía que no le podía ganar porque es de otra categoría, pero al menos sufrió.

 

¿Por qué volver a Perú si quizá allá tenías más oportunidades?

Buenos Aires es súper competitivo, sí, pero volví segura de que podía continuar mi carrera aquí. Hice mi primaria y secundaria allá, y fue muy difícil, pues mis padres regresaron a Trujillo y me quedé sola los dos últimos años. Entonces tuve que estudiar, trabajar y entrenar. Terminé mi secundaria arañando y después empecé un año de facultad de instrumentación quirúrgica. Allá es una carrera técnica de tres años y medio, pero sólo estudié un año. Era bien fuerte: en ese tiempo nos hicieron pasar por enfermería, geriatría y varias especialidades. Al año me vine a Perú y ya me dediqué a mi carrera de boxeadora.

 

¿Te arrepientes de no haber terminado tu carrera universitaria?

Ahora que he conseguido el título mundial, si Dios quiere voy a empezar a estudiar administración de empresas. Me gusta la medicina, pero no puedo llevarla y seguir entrenando porque ambas cosas son muy fuertes, muy exigentes. Tengo poco tiempo libre, y lo utilizo para descansar, ver televisión, entrar a Internet… hacer cosas simples.

 

Es bonito ver que tu vocación es súper fuerte. Leí que te habían llamado para participar en varios reality

Me han tentado para entrar a Combate y Bienvenida la Tarde, pero me he negado. Ahora me quiero dedicar a mi carrera. Por ahí un comercial o modelar, eso tal vez me gustaría, pero entrar a un reality no.

 

¿Segura?

Sí (risas). Te tientan y el sueldo es muy bueno, a quién no le gustaría. Pero yo tengo otras cosas, ahora que tengo el título el entrenamiento es más fuerte porque van a querer sacarme el cinturón y no me puedo dejar. Participar en esos programas cuesta mucho empeño y desgaste físico. Entrenar para esos programas no es lo mismo que entrenar para subir al ring, y es imposible hacer las dos cosas al mismo tiempo. Escojo mi carrera. Una mujer puede seguir en el boxeo hasta los 35 o 40, y yo recién tengo 25. ¿Ves que tengo mucho por hacer?

 

¿Tienes miedo de las secuelas que puede dejar el box, por los golpes?

No realmente. Sé que golpe que entra, no sale; pero si te sabes cuidar reduces un montón los riesgos. Haciendo caso a tu entrenador, priorizando tu entrenamiento, alimentándote bien, sin malas noches, sin tomar, sin fumar, te puede ir muy bien. Felizmente soy sanita, y me cuido bastante. Es cierto, al día siguiente de las peleas quedan los moretones y duele el cuerpo, pero no es nada del otro mundo.

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Khaterine Subirana

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