¿Cuestión de vocación?

¿Cuestión de vocación?
18 Mar 2016

En el Perú, entre 40 y 50 mil jóvenes abandonan sus estudios superiores cada año, un fenómeno conocido como deserción universitaria. La clave para prevenirlo es que los futuros profesionales se conozcan bien y cuenten con el apoyo de su familia.

La elección de una carrera universitaria es crucial para los jóvenes, ya que su futuro depende de esta decisión, por lo cual representa un acontecimiento trascendental en sus vidas. Esta etapa ejerce una excesiva presión sobre ellos, pues en la mayoría de casos desconocen qué carrera estudiar, inclusive al haber culminado la secundaria. Por consiguiente, necesitan de un proceso y acompañamiento vocacional.

Esta realidad preocupa a las autoridades universitarias y a los docentes, quienes observan poca motivación, carencia de competencias en las carreras que están matriculados y compromiso de sus estudiantes para aprender, lo cual genera cambios continuos de carreras e indecisión vocacional que, con el paso del tiempo, se traduce en deserción estudiantil.

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El problema de la deserción universitaria es complejo e incluye diversas causas. Las investigaciones señalan que las características institucionales serían el primer factor de deserción, seguidas de los intereses vocacionales, los académicos y, finalmente, los económicos. Otros motivos se asocian con la falta de trabajo y de disponibilidad horaria, la incertidumbre de la inserción laboral al graduarse y, en algunos casos, aparecen razones de tipo psicológico o emocional relacionadas con el temor a la situación del examen.

La tasa de deserción universitaria en el Perú alcanza el 17% del problema en el sector educación. Entre 40 y 50 mil jóvenes abandonan sus estudios universitarios cada año, lo que significa no menos de cien millones de dólares desperdiciados por los padres de familia, con la consecuente frustración que esto representa para ellos mismos y para sus hijos. De este grupo, el 70% corresponde a estudiantes de universidades privadas y el 30% restante, de universidades estatales.

Es importante que la universidad sea responsable socialmente, brindando orientación vocacional a los postulantes de las diferentes carreras que oferta, así como realizando un seguimiento y acompañamiento durante el primer año de estudios –etapa sensible y de confusión– para evitar índices altos de deserción, que perjudican tanto a la institución educativa como a los jóvenes.

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Con respecto a los estudiantes, es primordial que cada uno siga un verdadero proceso de orientación vocacional:

1. Conocerse a sí mismo, es decir, saber qué hace mejor y en qué le podría ir mejor acorde a sus competencias,
talentos e intereses.

2. Analizar el futuro, visualizándose dentro de dos, cinco o diez años, y preguntándose si la carrera realmente le apasiona, lo hará crecer como persona y/o profesional.

3. No temer elegir la carrera menos de moda o “importante” para los demás: tendrá éxito si combina su esfuerzo y talento con sus metas y sueños como parte de su proyecto de vida.

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Un aspecto a considerar en esta situación es la familia, específicamente los padres, quienes influyen en la decisión vocacional o en la misma deserción. Los padres también deben conocerse para poder guiar a sus hijos, tener claro cómo reaccionan y se comportan con ellos –si son sobreprotectores, autoritarios, flexibles o permiten que hagan lo que quieran–.

En conclusión, es preciso que los padres se informen de las carreras de interés de sus hijos para orientarlos cuando lo necesiten, pero dejando que estos últimos tomen sus decisiones y se hagan cargo de las consecuencias de las mismas, prevaleciendo así las necesidades de sus hijos sobre las de ellos para que puedan tener sus propias experiencias y trasciendan.

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Ps. Lorena Frías Saavedra
Coordinadora de Calidad Educativa – Universidad Privada del Norte
psicofrisa@gmail.com

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Lorena Frias

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