Teresa Boullon

Teresa Boullon
22 Sep 2016

La surtida biblioteca que heredó de su padre fue su mejor universidad. Es la misma contribución que esta joven autodidacta quiere legarle a un país que todavía no comprende lo que lee, y necesita hacerlo hoy más que nunca.

Ha dejado en claro su objetivo en anteriores entrevistas, conferencias, cada vez que puede: inaugurar mil bibliotecas y formar un millón de niños lectores en el Perú antes del Bicentenario de la Independencia, en el 2021. ¿Cómo lo logrará? Esta es la historia de Teresa Boullon y su lucha por la reivindicación de la lectura.

En diciembre del año pasado contaste lo complicado que fue inaugurar dos bibliotecas en Caylloma, Arequipa. ¿Pasaste por situaciones similares en otras ciudades?

Claro. Las escuelas públicas son el reflejo de nuestra sociedad. Tenemos una sociedad violenta y, en consecuencia, tenemos escuelas llenas de personas que desconfían, que no comparten, que no conversan. En medio de eso están los niños y nosotros, tratando de construir bibliotecas para ellos. Lo bueno es que no todo es negativo: también somos una sociedad que, en su mayoría, desea lo mejor para sus hijos. Ese sentimiento es el que siempre predomina en nuestros proyectos.

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¿Cuántas bibliotecas han instalado?

Hasta la fecha hemos fundado 21 bibliotecas a nivel nacional, en Piura (Catacaos), Trujillo, Arequipa (Cayma, Caylloma, Cerro Colorado, Chiguata), Puno (Ayaviri) y Lima (Chorrilloss, Barrios Altos, Miraflores).

El proyecto arrancó en el 2013. ¿Por qué no han podido implementarlo en más?

Por falta de presupuesto, es decir, patrocinadores.

Entonces apuntan a los premios, como el de la compañía británica Pearson que ganaron en enero. ¿Qué tan difícil fue conseguir ese fondo especial (30 mil dólares)?

Tuvimos que argumentar y demostrar que nuestra metodología funciona, que es sostenible y está logrando un cambio. Este premio ha llegado luego de otros cuatro premios internacionales. Todo ha sido un proceso.

Alcanzar la meta de las mil bibliotecas y del millón de niños lectores será titánica.

Pero tiene que hacerse. La inexistencia de bibliotecas ha producido el deterioro educativo peruano, donde siete de cada diez niños fracasan en un test de comprensión lectora o matemática, y en consecuencia fracasan en su vida académica o profesional, no porque hayan nacido con una discapacidad para aprender y comprender, sino porque nuestro Estado nos ha excluido sistemáticamente del acceso al libro y lectura desde 1982.

¿Por qué es tan importante aprender a leer?

Porque te vuelve más veloz y capaz de resolver problemas, más crítico, elocuente, visible. Te da la capacidad de relacionarte con el mundo de una manera más sana, con mayores referentes. Comprendes tus derechos y los defiendes. Te amplía el mundo. Te hace libre.

 

¿Es el escritor Javier Arévalo, tu esposo, tu gran apoyo para llevar adelante esta labor?

Javier es mi socio. Compartimos un sueño: ambos queremos construir un mejor país, con ciudadanos libres y conscientes del mundo que les rodea. Y trabajamos duro y parejo, cada uno en lo que mejor sabe hacer, para hacerlo.

¿Cómo se dividen las tareas? Él ha dicho que verte luchar en esta apuesta es como aprender de nuevo, pero a tu lado.

Somos un gran equipo. Javier participa del directorio, ahí vemos juntos la parte de planificación, creación de nuevos productos, movilización e incidencia. Por otro lado, yo dirijo las intervenciones en las escuelas, el seguimiento del progreso de los niños y las comunidades, la gestión y contacto con los patrocinadores, marketing, logística, entre otros aspectos.

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Con tantas actividades, el ejercicio y la buena alimentación deben ser claves.

Sí, claro. Hago ejercicio, trato de comer sano, y desde hace un año trato de movilizarme en bicicleta.

Suena muy saludable.

Sí, muy tranquilo. Amo estar en mi casa con mi familia y mis amigos. Disfruto mucho paseando a mi perrita Aceituna y ver películas con “Javi” hasta quedarme dormida.

Y cuando eras niña te quedabas dormida con los cuentos que te contaba tu abuela Flora.

Así es. Son recuerdos muy dulces. En esos cuentos, las niñas siempre eran las heroínas. Mi abuela era quechuahablante y no sabía leer. Se inventaba las historias.

Tú enseñaste a leer, ¿no?

Fue increíble. Todos los días llegaba del colegio y le compartía mis tareas. Yo hacía mi cuaderno, y ella el suyo. Empecé a leerle cuentos mientras me peinaba. El día más triste de mi vida fue cuando ella murió.

 

 

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Livin

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